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Fernando de Szyszlo: "Me gusta la vida, pero la muerte no me aterra"

10 de octubre de 2017 03:08 PM
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Recordamos al artista peruano con esta entrevista que le concedió a la revista "Somos" en la intimidad de su espacio

Un mechón de pelo de Vallejo. Uno de los primeros objetos que muestra Fernando de Szyszlo cuando alguien lo visita es eso, un mechón cortado probablemente por Georgette, elegantemente enmarcado junto a unos textos escritos a mano por el poeta. En el estudio de su casa hay, además, libros, muchos libros, cuadros, esculturas, fotos. Poca luz, sin embargo. El estudio-biblioteca de Szyszlo parece extraído de uno de sus cuadros.

Pocas horas después de esta entrevista, Fernando de Szyszlo, como cada año en esta época de frío limeño, viajó a Nueva York. Allá recorre museos, visita a los amigos, ensaya algunos bocetos: “No pinto allá porque hay demasiada información visual. Solo me nutro”. Va y viene. Se aleja y se acerca, muestra y oculta. Como en sus cuadros.

- Ernesto Sábato decía “Szyszlo es un pintor excelente, pero vive en el culo del mundo”. ¿Pensó en algún momento vivir en Nueva York o algún otro lugar?

En Nueva York no viviría; en París, quizá, si no tuviera todos estos attachments, las raíces familiares, amigables, la geografía, el destino, la historia. En todas las ciudades del mundo, la calle es un espacio que tú recorres para ir de un punto a otro, pero en París la calle es un destino, al que tú vas a sentarte, a mirar.

La moda paga. El consuelo que tengo es la frase de Chanel: “Moda es eso que pasa de moda”. Y, ya ves, va pasando...

- Dejemos el tema ahí. Una vez dijo que usted era un pintor abstracto “solo por abreviar”. ¿Le importa sentirse un referente?

Conforme uno se hace viejo, se vuelve tan poco dado a pensar en el futuro. Todo va a desaparecer, los nombres de las personas ya no representan. Cézanne ahora es solo un individuo, él ya no representa ese estado de ánimo de la Francia de la época. El verdadero arte es anónimo.

Seguro que sí. No sé. Yo era tímido, no tenía lugar, no me atrevía ni siquiera a ser vanidoso.

- Después de una gran tragedia personal (la muerte de su hijo Lorenzo en un accidente de aviación en 1996), alguien podría haberse refugiado en, por ejemplo, la religión. Quizá hasta como placebo.

Al contrario, me parecía más incomprensible todavía, más inaceptable, más inadmisible que eso pasara, y al mismo tiempo que fuera irreversible, que no pueda recuperar.

- En una entrevista concedida a esta revista, dijo que era “como el simio sangrando por su prole”.

En una época me interesó el cine surrealista. Hace poco, mi nieta, que estudia en Londres, me pidió que le comprara algunas películas de Bergman porque allá no las encontraba. Nosotros tenemos eso que está a nuestro alcance, que se llama Polvos Azules, así que pedí 31 películas de Bergman… a cuatro soles cada una. ¿No es fantástico?

- Este año y el próximo tiene previstas algunas exposiciones. ¿Le ocurre eso de sentir que un cuadro nunca está completo?

Ni terminado. Una vez vino un señor que me había comprado un cuadro en los 60 y pidió que le retocara una parte donde había una manchita pequeña. En esa pintura había un cuadrado amarillo, y pensé: ese cuadrado debería ser un poco más grande para darle más peso. Lo hice. Cuando el señor lo vio, me gritó: ‘Pero, ¿qué le ha hecho usted a mi cuadro?’.

Esta entrevista fue publicada el 11 de agosto del 2012 en la revista Somos.

Fuente: elcomercio.pe

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